7 jun. 2016

'Me he dado cuenta de que siempre me veo gordo'


Atravesar su infancia con unos kilos de más le ha marcado de por vida. Incluso hoy, aunque su físico diga lo contrario, se ve gordo. Dani Mateo (Barcelona, 1979) no sólo ha aprendido a cuidarse, también que, en el amor, el físico no lo es todo. Aún preserva una humildad que le acerca a su niño interior, a pesar de su ajetreada vida entre cámaras y micrófonos. Y es que cada noche se apagan los focos pero no su sonrisa. La misma que esbozaba cuando se colaba en la despensa de su abuela para ajusticiar sus croquetas.

- ¿Tanto le ha marcado estar gordo?
- El colegio se puede hacer duro, es una forja de hombres y mujeres. Cada uno tiene lo suyo: estaba El orejas, El chino... y a mí me tocó El gordo. Pero gracias a ello uno aprende a aceptarse. Y descubres que nunca vas a gustar a todo el mundo. Por un lado tu abuela te dice que eres una maravilla y que comas más bocatas. Por otro, en el colegio te dicen: «Tú a la portería que la ocupas toda».

- ¿Aún queda algo de ese niño?
- Me he dado cuenta de que siempre me veo gordo. Algo curioso porque tiendo a la delgadez, pero esa idea se me ha quedado anclada ahí. No sé si también le pasará al Orejas y al Chino. 

- A esa edad es difícil controlar lo que cae en el plato... 
- La culpa era de mi santa abuela. Esas croquetas que hacía no eran ni medio normales. Además, al ser bajita como la mayoría de mujeres de su época, las guardaba en armarios bajos. Donde llegaba su brazo llegaba el mío. Me sentía como Charlie en la fábrica de chocolate. Su despensa era mi perdición. Cuando me llevaba a natación, en la mochila el bocadillo ocupaba más que la ropa.


- ¿Por qué decidió adelgazar?
- Mentiría si dijese que fue sólo salud. Aunque iba a reventar. Fue por imperativo sexual. [...]
Sigue leyendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario